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Soy obrero ante la forma, manejando colores, texturas, volúmenes;
y trabajo articulando los elementos plásticos,
dando vida a creaturas con funcionalidad propia.
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Me exijo tener una actitud creativa;
es decir ser capaz de contemplar, discernir, analizar, sintetizar y valorar
la realidad interior y exterior, para generar realizaciones.
En esta dimensión el espíritu expresa - en elementos y logros sencillos -
el sentido profundo de la existencia.
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Nada es más estéril que un papel nuevo o un bloque de madera sin trabajar.
Es el espíritu del creador, a través de su mirada penetrante,
su imaginación - fecundada por la historia de sus vivencias - y su oficio,
el que realiza el milagro de gestar una estructura viva.
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El artista como un obrero - al decir de Torres García - se pone al servicio,
en actitud humilde, contemplativa y lúdica, gozando y sorprendiéndose con la aparición de cada nueva obra.
La obra está llamada a independizarse del autor.
Refleja sus vivencias, pero tiene vocación de vida propia.
Es así que cada expectador se proyecta también con su historia
para recibir de élla - si cuenta con actitud humilde y receptiva - un mensaje.
Es el diálogo. Sentir el arte es dialogar.





